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Embarazo

¿Es bueno caminar durante el embarazo y el postparto?

¿Es bueno caminar durante el embarazo y el postparto?

Si estás embarazada o acabas de dar a luz, probablemente hayas escuchado el mismo consejo una y otra vez:

"Sal a caminar."

"Caminar siempre va bien."

"Camina mucho si tienes dolor de espalda."

"Anda para ponerte de parto."

"Anda para recuperarte antes."

Es uno de esos consejos que parecen universales. Nadie lo cuestiona. Nadie se plantea si realmente es adecuado para esa mujer, en ese momento concreto y con el estado físico que tiene su cuerpo.

Y aquí es donde quiero hacer una reflexión importante. Porque caminar puede ser una herramienta fantástica durante el embarazo y el postparto.

Pero no siempre.

Y desde luego no debería ser una recomendación automática.

Durante años he visto en consulta a mujeres que llegan convencidas de que están haciendo lo correcto porque están caminando mucho. Sin embargo, cuando profundizamos un poco aparecen síntomas que nos indican que quizás su cuerpo necesitaba otra cosa.

Dolor lumbar.

Pesadez vaginal.

Pérdidas de orina.

Dolor pélvico.

Sensación de presión.

Sobrecarga en la zona sacroilíaca.

Y entonces surge la pregunta:

¿Es posible que caminar no sea siempre el mejor ejercicio durante el embarazo o el postparto?

La respuesta es SÍ.

El gran error del postparto: no puedes hacer ejercicio, pero sí caminar durante horas

Existe una contradicción que siempre me ha llamado la atención.

A muchas mujeres se les dice que no pueden hacer ejercicio durante las primeras semanas después del parto.

Pero al mismo tiempo se les recomienda salir a caminar durante largos periodos con el carrito del bebé.

Y pocas veces nos detenemos a pensar qué supone eso para el cuerpo.

Acabas de pasar por un parto.

Un proceso extraordinario.

Pero también por uno de los mayores desafíos físicos que experimentará tu cuerpo a lo largo de toda tu vida.

Tus músculos, ligamentos, fascias y tejidos de sostén han soportado una carga enorme durante el embarazo y el nacimiento de tu bebé.

El suelo pélvico, que tiene la responsabilidad de sostener la vejiga, el útero y el recto frente a la gravedad, se encuentra en pleno proceso de recuperación.

Sin embargo, muchas veces la primera estrategia que proponemos es aumentar precisamente esa carga gravitatoria con:

Horas caminando.

Horas empujando el carrito.

Horas de pie.

Horas sosteniendo peso.

Todo ello cuando los tejidos todavía están inflamados, fatigados y adaptándose a una nueva realidad.

Recuperar no significa hacer más

Vivimos en una sociedad que asocia recuperación con actividad.

Parece que cuanto antes volvamos a movernos, mejor lo estaremos haciendo.

Pero el cuerpo no funciona así.

Después de un parto, igual que después de cualquier lesión importante, existe una progresión lógica de recuperación.

La primera fase consiste en recuperar la conexión.

Volver a sentir el suelo pélvico.

Volver a coordinar la respiración.

Volver a conectar con el abdomen profundo.

Volver a generar soporte interno.

Antes de pensar en kilómetros, el cuerpo necesita reconstruir sus cimientos.

Por eso durante los primeros días suelen tener mucho más sentido los ejercicios respiratorios con Winner Flow, el trabajo de activación suave y las estrategias orientadas a recuperar la función de la musculatura profunda.

Cuando esa base empieza a recuperarse, el cuerpo vuelve a generar estabilidad.

Y solo entonces tiene sentido aumentar progresivamente la actividad física.

No se trata de prohibir caminar.

Se trata de entender cuándo caminar suma y cuándo puede convertirse en una carga más para unos tejidos que todavía están intentando recuperarse.

La relaxina no desaparece el día del parto

Hay otro aspecto del que se habla muy poco.

Muchas mujeres creen que el día que nace el bebé el cuerpo vuelve automáticamente a la normalidad.

Pero los cambios fisiológicos del embarazo continúan durante semanas e incluso meses.

La relaxina, una hormona fundamental durante el embarazo y el parto, sigue presente después de dar a luz.

Gracias a ella los tejidos han podido adaptarse al crecimiento del bebé y al nacimiento.

Sin embargo, también provoca una mayor laxitud ligamentosa y una disminución de la estabilidad pasiva.

Dicho de forma sencilla: el cuerpo sigue siendo más inestable de lo habitual.

Si a esto añadimos un suelo pélvico debilitado y una musculatura abdominal que todavía está recuperando su función, algunas mujeres pueden experimentar síntomas como pesadez vaginal, sensación de presión, pérdidas de orina, dolor lumbar o empeoramiento de prolapsos existentes cuando aumentan demasiado pronto las caminatas.

Por eso la recuperación postparto no debería medirse en pasos.

Debería medirse en función.

¿Y durante el embarazo?

Aquí viene una afirmación que suele sorprender.

Caminar tampoco es siempre el mejor ejercicio durante el embarazo.

Y esto no significa que caminar sea malo.

Significa que depende del estado de cada mujer.

Semana tras semana el cuerpo cambia.

La barriga crece.

El centro de gravedad se modifica.

La pelvis se adapta.

Los tejidos deben soportar cada vez más peso.

Y la relaxina vuelve a aumentar la laxitud de ligamentos y articulaciones.

Cuando además existe una mala gestión de presiones, una debilidad del suelo pélvico o una falta de estabilidad, caminar largas distancias puede convertirse en una fuente importante de sobrecarga.

No es raro ver en consulta mujeres que presentan dolor lumbar, molestias en el ligamento redondo, pubalgia, dolor sacroilíaco o sensación de peso pélvico que empeoran precisamente después de caminar durante mucho tiempo.

Entonces, ¿debo caminar durante el embarazo?

La respuesta es la misma que doy prácticamente para cualquier ejercicio.

Depende.

Si existe una buena activación de la musculatura profunda, un suelo pélvico funcional, una correcta gestión de presiones y una biomecánica eficiente, caminar puede ser una excelente actividad.

Pero si existen síntomas, dolor o dificultades de soporte, probablemente necesitemos trabajar primero la base.

Muchas mujeres obtienen mejores resultados cuando empiezan fortaleciendo el abdomen profundo, mejorando la movilidad pélvica, aprendiendo a respirar correctamente y recuperando la coordinación con el suelo pélvico.

Una vez existe ese soporte interno, caminar suele ser mucho más cómodo y eficiente.

"Me han dicho que ande mucho para ponerme de parto"

Esta es probablemente una de las recomendaciones que más escucho en las últimas semanas de embarazo.

De hecho, hace poco una paciente me llamó preocupada.

Estaba de 39 semanas y llevaba varios días caminando durante horas porque le habían recomendado hacerlo para intentar desencadenar el parto.

Sin embargo, lo que había aparecido no eran contracciones.

Lo que habían aparecido eran pérdidas de orina, dolor lumbar y una sensación importante de pesadez pélvica.

Y la realidad es que no me sorprendió.

A las 39 semanas el cuerpo está haciendo un esfuerzo enorme.

La musculatura trabaja al límite.

Los tejidos soportan una carga muy elevada.

La relaxina está en niveles altos.

Y la estabilidad es menor que meses atrás.

La pregunta entonces es sencilla:

¿Necesita realmente más carga un cuerpo que ya está trabajando al máximo?

En muchos casos, la respuesta es no.

El parto necesita movimiento, pero no cualquier movimiento

Cuando hablamos de preparación al parto solemos pensar automáticamente en caminar.

Sin embargo, el parto necesita mucho más que pasos.

Necesita movilidad.

Necesita cambios de posición.

Necesita libertad de movimiento.

Necesita rotaciones pélvicas.

Necesita espacio.

Por eso muchas veces resultan más interesantes los ejercicios de movilidad asimétrica, las posiciones que favorecen la movilidad de la pelvis y el trabajo específico de preparación al parto que simplemente acumular kilómetros.

Moverse sí.

Agotarse no.

Preparar el cuerpo sí.

Sobrecargar tejidos que ya están al límite, no.

Escucha lo que tu cuerpo intenta decirte

Si durante el embarazo o el postparto aparecen síntomas al caminar, no los normalices.

El dolor lumbar.

La pesadez vaginal.

Las pérdidas de orina.

La sensación de presión.

La pubalgia.

Las molestias pélvicas.

No son señales de que necesites caminar más.

Son señales de que tu cuerpo puede necesitar más soporte, más recuperación o una estrategia diferente.

Porque caminar no es malo.

Pero tampoco es la solución universal que durante años nos han hecho creer.

Y en el embarazo y el postparto existe una verdad que nunca deberíamos olvidar:

Más no siempre significa mejor.

A veces, avanzar más despacio es precisamente la forma más inteligente de avanzar.


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